NOTICIA:

"Por qué América Latina patas arriba"

29/11/2017
El Soyem Bariloche fundamentó por qué el cartel que se encuentra en la fachada expone una América Latina "patas arriba".

"En el siglo doce –comenzó Galeano–, el geógrafo oficial del Reino de Sicilia, Al-Idrisi, trazó el mapa del mundo, el mundo que Europa conocía, con el sur arriba y el norte abajo. Eso era

habitual en la cartografía de aquellos tiempos. Y así, con el sur arriba, dibujó el mapa sudamericano, ocho siglos después, el pintor uruguayo Joaquín Torres García. `Nuestro norte es el sur –dijo–. Para irse al norte, nuestros buques bajan, no suben.` Si el
mundo está, como ahora está, patas para arriba, ¿no habría que darlo vuelta para que pueda pararse sobre sus pies?"
El texto, que forma parte de su libro El mundo patas para arriba.

Como entidad gremial y social, desde el Soyem Bariloche queremos perpetuar en nuestra sede, la impronta de sentirnos actores principales de la historia, que nos encontramos luchando por reivindicar los derechos de los trabajadores, vulnerados y a los que los poderosos quieren poner abajo, porque no tienen derecho a estar arriba, a mirar hacia arriba. Esa impronta, esta declaración de intenciones creemos que se da actualmente en un marco de
intolerancia, represión y vulneración de los derechos mas básicos de las personas desde los poderosos históricos y actuales.
¿Quien define como estamos? Quizás deberíamos preguntarnos.
Los poderosos que nos venden la imagen “conocida del mapamundi”, donde los
pobres (America Latina, Africa, india, etc) están abajo de los EEUU, Europa, Gran Bretaña, Rusia, “los de arriba”, nos colonizan que nosotros estamos abajo. Esa perspectiva “real” condicionada a la construcción es la que debemos desandar, romper, revelarnos, desobedecer y batallar contra esa mirada.
Esta America invertida es la idea de abordaje para una "descolonizacion mental", como una manera de decir nuestro sur es lo que nos interesa y por lo que debemos engrandecer.
Por eso nosotros desde el sur decimos que queremos estar arriba.
A continuación un escrito de Eduardo Galeano.
La pobreza como delito:
Mucho antes de que los niños ricos dejen de ser niños y descubran las drogas caras que aturden la soledad y enmascaran el miedo, ya los niños pobres están aspirando pegamento.
Mientras los niños ricos juegan a la guerra con balas de rayos láser, ya las balas de plomo acribillan a los niños de la calle.
Algunos expertos llaman “niños de escasos recursos” a los que disputan la basura con los buitres en los suburbios de las ciudades. Según las estadísticas, hay setenta millones de niños en estado de pobreza absoluta, y cada vez hay más, en esta América Latina que fabrica pobres y prohíbe la pobreza. Entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor la pasan. La
sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escucha, jamás los comprende. Nacen con las raíces al aire.
Muchos de ellos son hijos de familias campesinas, que han sido brutalmente arrancadas de la tierra y se han desintegrado en la ciudad. Entre la cuna y la sepultura, el hambre o las balas abrevian el viaje. De cada dos niños pobres, uno trabaja, deslomándose a cambio de la comida o poco más: vende chucherías en las calles, es la mano de obra gratuita de los talleres y las cantinas familiares, es la mano de obra más barata de las industrias de exportación, que fabrican zapatillas o camisas para las grandes tiendas del mundo.
¿Y el otro? De cada dos niños pobres, uno sobra. El mercado no lo necesita. No es rentable, ni lo será jamás. Y quien no es rentable, ya se sabe, no tiene derecho a la existencia. El mismo sistema productivo que desprecia a los viejos, expulsa a los niños. Los expulsa, y les teme.
Desde el punto de vista del sistema, la vejez es un fracaso, pero la infancia es un peligro. En muchos países latinoamericanos, la hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidaridad y está haciendo trizas el tejido social comunitario. 
¿Qué destino tienen los dueños de nada en países donde el derecho de propiedad se está convirtiendo en el único derecho sagrado? Los niños pobres son los que más ferozmente sufren la contradicción entre una cultura que manda consumir y una realidad que lo prohíbe.
El hambre los obliga a robar o a prostituirse; pero también los obliga la sociedad de consumo, que los insulta ofreciendo lo que niega. Y ellos se vengan lanzándose al asalto. En las calles de las grandes ciudades, se forman bandas de desesperados unidos por la muerte que acecha.

Comisión Directiva #SoyemBariloche

 

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